Gigantes de hierro

Hace unos años era común ver grúas de obra en movimiento, de un lado a otro, subiendo y bajando materiales de obra. Veletas de hierro vivas, activas, en funcionamiento.

Llegó la crisis y muchas constructoras han tenido que abandonar las obras. Los concursos de acreedores se acumulan el los Juzgados y los materiales de obra son abandonados y expoliados por quienes aprovechan, a su manera, los coletazos de la crisis.

El paisaje es parecido, pero las grúas están muertas. Siguen como veletas la dirección del viento reinante, pero ya no suben y bajan nada, ya no desafían al viento.

Estas grúas suponen un peligro evidente. Una grúa de obra está diseñada para trabajar bajo determinadas cargas y requiere un mantenimiento permanente y muy riguroso, que garantice su estabilidad y sujeción al suelo. Este mantenimiento, en la época de bonanza, se llevaba a cabo a través de unas revisiones periódicas que garantizaban la estabilidad y seguridad de estas torres. No olvidemos que los brazos de las grúas pueden tener hasta 52 metros de largo y su peso puede ser de varias toneladas.

Desde el estallido de la crisis, sin embargo, han sido muchas las obras abandonadas por empresas condenadas a la trituradora de los concursos de acreedores. En Cataluña se contabilizan unas 500 grúas abandonadas y en Andalucía se estima que esta cantidad podría duplicarse.

Los propietarios de las grúas, por su parte (dado que en la mayoría de los casos las grúas son propiedad de terceros, que las alquilan a los constructores), no pueden retirar las grúas de las obras por su elevado coste (retirar y transportar una grúa puede costar entre 8.000 y 12.000 euros) y, en otros casos, porque los concursos de acreedores (por su propia burocracia) lo impiden o dificultan.

Desde mi punto de vista, la administración local debe tomar la inciativa e iniciar los trámites procedentes para garantizar la seguridad de las grúas abandonadas, ordenando su desmontaje cuando su responsable no lo hiciere, en aras a la seguridad de los ciudadanos. No sería la primera vez que se cae una grúa de obra y se lleva por delante alguna vida.

Y es que más vale prevenir que curar.

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